Cuevas sepulcrales en la cuenca baja del Barbadun

Itziar Abarrategi, Fernando Juárez, Lydia Zapata


INTRODUCCIÓN

En el País Vasco son abundantes las cuevas naturales. Estas no se localizan en cualquier tipo de paisaje sino que se forman en estratos de caliza, allí donde ha existido un proceso de disolución de este tipo de roca debido a la acción de las sustancias que transporta el agua. La caliza, compuesta de carbonato cálcico, se disuelve fácilmente con el ácido carbónico presente en el agua dando lugar a sistemas de galerías y muchas veces a formaciones típicas que todos conocemos (estalactitas, estalagmitas, cortinas, etc. ).

Las cuevas están íntimamente ligadas a la adaptación y utilización que el hombre hace de su medio y los restos hallados en su interior nos confirman su frecuentación desde el Paleolítico como lugar de habitación, refugio temporal, santuario para manifestaciones religiosas y también como lugar de enterramiento. Hasta nuestro siglo han llegado abundantes testimonios de que la cueva es un elemento peculiar entre la comunidad que la conoce. J.M. DE BARANDIARAN (1988) ha recogido abundantes leyendas que se enmarcan en la mitología popular y que relacionan a la cueva con la existencia de personajes fantásticos (Mari, lamiak, sorginak, etc.), con el hallazgo de tesoros con propiedades mágicas determinadas.

En este artículo nos ocuparemos de la cueva atendiendo a una de las utilizaciones que ha recibido por parte del hombre, la sepulcral. Esta costumbre de enterrar a los muertos en el interior de galerías se desarrolla en la Península Ibérica y por toda Europa durante varios momentos pero los hallazgos más frecuentes son los de la Edad del Bronce. Durante el Neolítico, el Eneolítico y la Edad de Bronce coexisten en el País Vasco varios sistemas de enterramiento: los megalíticos (dólmenes y túmulos), algunos sepulcros de fosa y de cista (más escasos, y localizados en la Rioja) y las inhumanciones en cueva. El estudio sistemático de este fenómeno en el País Vasco comenzó en 1927 cuando J.M. de Barandiaran excavó el yacimiento de Jentiletxeta. Desde entonces se han descubierto muchas otras cuevas sepulcrales en el País Vasco que según A. ARMENDARIZ (1990) hacen un total de 230. Algunas de ellas han sido excavadas.

Intentaremos hacer una evaluación de este fenómeno funerario en la cuenca baja del río Barbadun. Esto resulta especialmente interesante porque hasta el momento no se han descubierto manifestaciones dolménicas seguras en el municipio de Muskiz aunque sí en alineaciones montañosas muy próximas. Conocer las características de los sepulcros en cueva es fundamental para tener una visión globalizadora de la Edad del Bronce (cuyos límites cronológicos y periodización son tan difusos); por ello haremos una presentación del tema además de reunir las noticias dispersas que sobre esta manifestación había en la zona. Al mismo tiempo se ha realizado una labor de prospección con el objeto de incorporar nuevos datos que completen nuestros conocimientos sobre este período. El artículo concluye con un esbozo de la información que los restos óseos (en este caso piezas dentarias) nos pueden proporcionar.

Bajo Barbadun. Localización general

Bajo Barbadun. Localización general


LAS CUEVAS SEPULCRALES

Se denomina cueva sepulcral a toda aquella que ha sido utilizada como lugar de enterramiento. Esta práctica, debido a su simplicidad, se documenta desde el Paleolítico Medio, 100.000 años a.de C. Aunque en el País Vasco hay dataciones desde el V milenio antes de Cristo, es en el III milenio cuando este ritual funerario se generaliza, en la transición del Neolítico al Calcolítico según A. ARMENDARIZ ( 1990). Después de utilizarse el enterramiento en cueva durante la Edad del Bronce, en el Bronce Final comienza a ser sustituido por la incineración, nuevo rito que conlleva un cambio importante en las costumbres.
También se han localizado enterramientos en cueva pertenecientes a época histórica (cuevas con nivel romano, visigótico...).

Toda cueva es susceptible de ser utilizada como lugar de enterramiento sin exigir grandes adaptaciones previas. En la mayor parte de los casos los cuerpos se abandonan en el interior sin ninguna alteración del lugar aunque existen excepciones (En Ereñuko Arizti y Albiztey - Ereño y Abadiño, Bizkaia - se habla de fosas practicadas en el suelo de la cueva, en Fuente Hoz - Anucita, Araba - de un enlosado bajo un cadáver).

Debido a su larga utilización en el tiempo, el enterramiento en cueva no nos indica una cultura o período determinado sino que son otros factores (el ajuar, las características del enterramiento, su disposición y sobre todo la datación por C14) los que nos proporcionan los datos necesarios para su identificación cronológica.
Es un hecho comprobado en el País Vasco que los enterramientos en cueva son contemporáneos al megalitismo aunque se discuta cuál de los dos rituales tiene una mayor antigüedad. Se puede sugerir que esta dualidad de sistemas funerarios responde a la existencia de diferentes grupos étnicos, culturales o a diferentes actividades económicas. Sin embargo, intentar explicar porqué ambos coexisten cronológica y geográficamente es imposible con los datos actuales, más cuando los ajuares depositados en cuevas y en dólmenes no muestran gran- des disimilitudes. De momento parece observarse una tendencia a emplazar los enterramientos megalíticos en cotas más altas que las cuevas sepulcrales (situadas preferentemente en laderas de mediana altura y valles bajos) pero esto podría deberse a que los megalitos situados en altitudes inferiores no se han conservado hasta nuestros días.
Sobre el tipo de cueva utilizado en la Edad del Bronce A. ARMENDARIZ y F. ETXEBARRIA (1983) no reconocen que exista ninguna orientación preferente mientras que por el contrario sabemos que los dólmenes orientan su cámara prioritariamente en el eje E-W. En la cuenca baja del Barbadun esto es evidente ya que los yacimientos sepulcrales se localizan en macizos calizos de diferente orientación. Así, por ejemplo en El Peñón las bocas se abren al oeste y en Pico Ramos hacia el Este, quedando enfrentadas.

En lo referente a las características más comunes de estas cuevas los autores citados señalan que hay una evidente preferencia por las de tamaño reducido y difícil acceso. Esto se cumple en parte en la zona prospectada: el covacho de Pico Ramos es sólo visible desde las in- mediaciones, mide 4 m. de longitud y no permite su recorrido de pie sin embargo el acceso no ofrece dificultades. Por otra parte, el acceso a las cuevas de el Peñón podría calificarse como de mediana dificultad. Existen ejemplos de cuevas grandes y de fácil acceso como Arezana (Galdames) que han sido utilizadas con fines funerarios pero parece que en ellas los enterramientos se dan preferentemente en zonas marginales o en gateras de acceso más complicado.
Los intentos que los arqueólogos han hecho por sistematizar los rituales funerarios desarrollados dentro de las cuevas coincidían hasta ahora en la existencia de tres ritosdiferentes (ARMENDARIZ, A.; ETXEBERRIA, F.(1983) p. 338 y BARANDIARAN, l. (1984) p. 211), de diferente importancia según las zonas geográficas y los períodos cronológicos:

1. Inhumación : Consiste en la deposición del cadáver sobre el suelo de la cueva, generalmente sin alteraciones del terreno y sin cubrirlo. Es el rito más frecuente aunque como ya hemos dicho en contados ejemplos se han constatado modificaciones como depositar el cuerpo sobre un enlosado (Fuente Hoz, Araba).

2. Cremación : El cadáver se quema pero no totalmente y los restos son reconocibles. El número de cuevas donde se ha constatado este rito es muy pequeño y en la actualidad algunos autores incluso cuestionan que haya existido como tal. T. ANDRES, (1 977) p. 1 1 1 opina que la cremación no es un rito determinado, sino que sólo se utiliza como método para despejar y hacer sitio en la cueva para nuevos enterramientos.

3. Incineración : Reducción del cadáver a cenizas por la acción del fuego. Se asocia generalmente a una cronología perteneciente a la Edad del Hierro o próxima a ella. Para enterramientos en cueva, no hay testimonios definitivos acerca de su uso en el País Vasco.

Obtener conclusiones sobre la orientación o disposición de los cadáveres en la cueva es con frecuencia tarea difícil ya que lo más frecuente hasta ahora ha sido encontrar los cuerpos revueltos, mezclados entre sí y sin un orden aparente. Esto puede ser debido a una alteración involuntaria (animales que aprovechan la cueva como refugio, agentes geológicos que actúan sobre el medio...) y al mismo tiempo al sistema de enterramiento utilizado. Según ARMENDARIZ, A. y ETXEBERRIA, F.(1983, p. 336), los cadáveres no se sepultan sino que simplemente se depositan sobre el suelo de la cueva abandonándolos. En alguna cueva sepulcral con enterramiento colectivo (Gobaederra, Araba) ante la falta de sitio para depositar nuevos cadáveres, se acondicionó más espacio retirando los anteriormente depositados hacia los extremos de la cueva.

Los ajuares que suelen aparecer junto a los restos humanos son muy escasos en este tipo de cuevas. Es muy frecuente que aparezcan enterramientos sin ningún tipo de restos materiales. Puede que éstos no se hayan conservado o que un mismo útil haya sido utilizado para acompañar a más de un individuo, pero por el alto porcentaje de deposiciones sin ajuar, también es posible que nunca lo tuvieran. Cuando aparece, se trata de útiles característicos de estructuras funerarias, son una selección de los hallados en yacimientos de habitación y muy similares a los encontrados en los dólmenes. Los más frecuentes son:


1. Líticos: Generalmente objetos de sílex como puntas de flecha, (Fig. 1) microlitos. hachas láminas, pulidas, cantos rodados...

Figura 1. Punta de flecha de Punta Lucero (1) y lasca retocada de El Peñon 1 (2).

Figura 1. Punta de flecha de Punta Lucero (1) y lasca retocada de El Peñon 1 (2).

2. Cerámicos: Suelen ser fragmentos de vasijas muy sencillas, hechas a mano y con escasa o nula decoración ( Fig. 2 ).

Figura 2 Fragmentos cerámicos hallados en Pico Ramos 1

Figura 2 Fragmentos cerámicos hallados en Pico Ramos 1

 

3. Metálicos: Los ejemplos son escasos. Generalmente se han realizado en cobre: puñales, pulseras...

4. Oseos : Restos también escasos: espátulas, alisadores, punzones, huesos pulidos...

5. Objetos de adorno: Suelen ser cuentas de collar de materiales diversos (azabache, lignito, calcita, conchas...) o también colmillos o caninos de animales con orificio de suspensión.

6. Restos de fauna: A veces es difícil determinar si son contemporáneos al enterramiento. Cuando esto se demuestra, predominan los domésticos y se supone esta- rían relacionados con alguna creencia concreta (ofrendas, alimentos, etc...)


LAS CUEVAS SEPULCRALES EN EL BAJO BARBADUN

A continuación haremos un repaso de aquellas cuevas del bajo Barbadun que se han constatado como sepulcrales. Algunas han aparecido ya publicadas (v. J.L.MARCOS (1984): Carta Arqueológica de Vizcaya y NOLTE E. (1984) y otras han sido recientemente reconocidas como tales tras una somera prospección que ha incluido tanto la cueva como su entorno. En varias se ha podido comprobar la existencia de remociones de terreno realizadas sin ningún tipo de metodología arqueológica y en ocasiones se han podido observar materiales en superficie.

Las cuevas se localizan en las alineaciones montañosas de los municipios de Muskiz y de Abanto-Zierbana en aquellas zonas que por su estructura caliza posibilitan el fenómeno kárstico. En concreto se han prospectado las alineaciones que flaquean la marisma del Barbadun (Pico Ramos-Janeo y El Carrascal en la margen izquierda y Punta lucero y El Peñón-Montaño en la derecha.

Localización de zonas prospectadas.

Localización de zonas prospectadas.

1. Alineación El Peñón-Montaño


Se han prospectado las cuevas existentes en Montaño, cuatro en total. Ninguna de ellas muestra en superficie restos arqueológicos humanos aunque sí faunísticos. Hay testimonios orales de que por lo menos una de ellas fue utilizada como polvorín durante las Guerras Carlistas. Las dos de mayores dimensiones coinciden con el trazado de las trincheras existentes y están muy alteradas y parcialmente vaciadas. Aún así pensamos que sería necesario la realización de catas para comprobar su naturaleza prehistórica. Al igual que en El Peñón se ha localizado sílex natural en las inmediaciones.

En El Peñón se han revisado tres cuevas. Para acceder a ellas se parte de la Casa Torre de Montaño y se asciende a pie hasta el extremo noroccidental. Desde este punto se accede a la base del frente rocoso donde se hallan situadas. La más occidental de ellas, visible desde la carretera, es laque denominaremos El Peñón 3. A su derecha, a 27 m. se localiza El Peñón 1 (v. NOLTE, E. (1984) y la más oriental a 13 m. de la anterior es El Peñón 2.

El Peñón. Visión general

El Peñón. Visión general

1.1 El Peñón 1
La cueva se sitúa junto a una grieta de unos 4 m. de altura. Se abre formando una boca de 2 m. de altura por 1 m. de ancho. La galería discurre en zig-zag unos 6 m. que continúan como gatera enlazando con la boca que existente 13 m. más a la derecha (El Peñón 2) En el lugar se ha podido constatar la existencia de una violación de 80 por 75 cm. Hay constancia del hallazgo de cerámica prehistórica en el lugar (NOLTE, E. 1984, p. 199). Una lasca retocada de sílex negro encontrada también en su interior nos confirma su carácter prehistórico. (v. fig.1). Se observan restos óseos de fauna y microfauna sin determinar.

Boca de El Peñón 1

Boca de El Peñón 1

1.2 El Peñón 2

Se abre a unos 13 m. de El Peñón 1 en una pared rocosa de 5 m. de altura. Tiene entrada de forma circular de 90 cm de altura por 95 cm. de ancho con una pequeña visera formada por la rotura de la caliza en forma cúbica. En la entrada y en la zona delantera hay una aglomeración de piedras seguramente desprendidas del techo y de la pared donde se abre la boca. El interior está abovedado con múltiples grietas. La cavidad se inclina hacia abajo siguiendo el buzamiento de la propia roca.

El desarrollo de la cueva está cubierto por piedras de unos 25 cm. producto de desprendimientos que cubren un sedimiento extremadamente arenoso y en apariencia revuelto. Aparecen restos óseos de fauna en superficie así como una muela, una punta de hueso y posibles restos de calota humana. Sólo una excavación arqueológica y un estudio antropológico nos podrían confirmar su carácter prehistórico.

1.3 El Peñón 3

La boca es fácilmente visible desde el valle y se halla colgada unos 2 m. sobre la base de la pared rocosa. Tiene forma triangular y mide 3m.de altura por 1.25m. de base. Tras un desarrollo de 2.5 m. se bifurca en dos pequeñas gateras impracticables. En un extremo se loca- liza un montón de tierra arenosa y suelta procedente de una posible violación. Se observan escasos restos de microfauna así como una muela humana y los restos de otra corona de muela. Pensamos que una excavación arqueológica sería también de interés.

Vista de El Peñón 3 (centro) desde la carretera de la playa.

Vista de El Peñón 3 (centro) desde la carretera de la playa.


1.4 Prospección de superficie

En el extremo noroccidental de El Peñón, cerca de las cuevas, encontramos en superficie una lasca de sílex gris oscura similar a la de El Peñón 1, posible indicio de una ocupación prehistórica del terreno quizá contemporánea a la utilización de las cuevas. Así mismo hemos localizado tanto en Montaño como en El Peñón abundante sílex natural de un color beige-blanco muy deshidratado y una lasca laminar beige de grano grueso en el camino hacia la torre de Montaño.



2. Alineación Pico Ramos-Janeo

Vista general de Pico Ramos desde el este. En primer término casas del barrio de S. Julian

Vista general de Pico Ramos desde el este. En primer término casas del barrio de S. Julian

La segunda zona prospectada ha sido la de Pico Ramos - Janeo localizándose, además de algunas galerías mineras, una sima ("soplao"), y dos cuevas:

2.1 Pico Ramos 1

Se localiza a pocos metros de la cima de Pico Ramos, en un frente calizo que domina San Julian y el complejo de Petronor. La boca tiene 1,80 m. de ancha por 0,70 m. de alta. Tiene un desarrollo descendente de 4.10 m. y planta triangular con paredes curvas. En la entrada hay una acumulación de piedras y tierra. En superficie hemos observado muelas humanas y restos de cerámica prehistórica. (V. Fig. 2) Creemos que esta cueva es la que E. NOLTE (1984) denomina" Janeo" aunque su desarrollo no coincida en longitud. Dicho autor menciona la existencia de restos humanos y de ciervo en superficie.

Pico Ramos 1. Planta y secciones

Pico Ramos 1. Planta y secciones

2.2 Pico Ramos 2


Se localiza unos metros por debajo de Pico Ramos 1 en otro frente calizo, orientada hacia Montaño y sobre el barrio de San Julian. Tiene dos entradas de pequeñas dimensiones y difícil acceso. El interior es una amplia sala de planta ovoidea de unos 4 m. de longitud. No se ha encontrado ningún resto arqueológico en superficie pero ello no descarta su posible utilización sepulcral.

3. Punta lucero

Otra de las zonas prospectadas ha sido la de Punta Lucero en el municipio de Abanto-Zierbana donde se localiza el yacimiento del mismo nombre.

Vista general de Punta Lucero. En primer término extremo noroccidental de El Peñón

Vista general de Punta Lucero. En primer término extremo noroccidental de El Peñón


3.1 Punta Lucero

La cueva se sitúa en la cresta caliza del cordón de Punta Lucero después de rebasar las primeras fortificaciones. Se trata de una pequeña cavidad horizontal de menos de 2 m. de altura. En ella se han localizado abundantes restos humanos, adultos e infantiles que incluyen ocho cráneos. El ajuar recuperado incluye una pequeña hacha pulimentada de ofita y una punta de flecha foliácea de sílex gris. (GORROCHATEGUI, J.; YARRITU, M.J., 1984).(V. Fig. 1)


4. El Carrascal


La última zona procpectada -sin concluir- ha sido El Carrascal donde ya se tenía noticia del carácter sepulcral de las cuevas de Galaos:

 

4.1 Galaos

Descubierta en 1.961 por E. Nolte quien halló en una cata un fragmento de calota craneana humana y parte de una mandíbula con dientes insertos.

Planta de la cueva Galaos. (Carta arqueológica de Vizcaya, p 113)


Planta de la cueva Galaos. (Carta arqueológica de Vizcaya, p 113)


ANALISIS DE LAS PIEZAS DENTARIAS

Todos los restos localizados en un yacimiento son datos que amplían la información que poseemos sobre las características y la forma de vida de nuestros antepasados. En este caso nos centraremos en las piezas dentarias halladas en las cuevas sepulcrales que como veremos pueden proporcionar valiosos datos sobre algunos aspectos de las condiciones de vida de los individuos que poblaron nuestro entorno durante la prehistoria.

El análisis antropológico de la dentición abarca el estudio métrico, morfológico y patológico de las piezas dentarias. Los aspectos métricos y morfológicos se analizan tanto en piezas aisladas como en piezas localizadas en hueso maxilar mandibular ("in situ"). Realizando estudios comparativos con respecto a dientes actuales y a otras series dentarias de diversas cuevas sepulcrales se obtienen conclusiones acerca de la variación del tamaño y la forma de los mismos.

Con el análisis morfológico de las piezas aisladas podemos determinar el número mínimo de individuos encontrados en un yacimiento sepulcral aunque es más exacto y fiable el obtenido a partir de piezas " in situ" (con el recuento de fragmentos de cráneos y maxilares encontrados). También se puede llegar a deducir la edad aproximada de los individuos inhumados en el caso de que existan piezas dentarias temporales ("dientes de leche") o piezas permanentes en período de formación.

Se han recogido en algunas de las cuevas sepulcrales de la zona piezas dentarias temporales, algunos de ellas muy características de períodos de recambio dentario cronológicamente muy específicos, por ejemplo un incisivo central inferior temporal con su raíz totalmente reabsorvida que es una pieza característica de un niño de una edad aproximada de siete años.

Dos características morfológicas importantes a analizar son la atrición o desgaste fisiológico de los dientes por el contacto diente con diente durante la masticación y la abrasión o desgaste mecánico por cuerpos extraños o sustancias no encontradas normalmente en la boca y que no forman parte de la dieta del hombre. Observando el grado de atrición de las piezas podemos tener una idea de los alimentos que ingería, generalmente duros, ásperos, fibrosos y arenosos, que provocaban un desgaste importante en sus dientes. Como ejemplo podemos citar piezas recogidas en superficie en la cueva sepulcral de Pico Ramos en las que se aprecia atrición en su grado máximo que llevó a la desaparición de la corona de los dientes hasta su cuello.

Piezas dentarias. Atrición acentuada

Piezas dentarias. Atrición acentuada

La abrasión por otro lado nos puede informar sobre prácticas culturales en las que el uso de los dientes como instrumento podía producir tipos característicos de desgaste. Este tipo de desgaste también aparece en dos piezas recogidas en la cueva de Pico Ramos que corresponde a un canino y un premolar de un individuo joven que presenta melladuras en sus cuellos como signos de abrasión.

Piezas dentarias. Abrasión

Piezas dentarias. Abrasión

La patología dentaria que se busca en las piezas dentarias normalmente son las caries, el sarro y las fracturas aunque existen otras como la enfermedad periodontal, anomalías de la oclusión, etc. que sólamente pueden ser analizadas sobre piezas "in situ" y que deben ser tenidas en cuenta ya que una infección bacteriana de origen dentario o mecanismos masticatorios poco eficientes determinarán la disminución de probabilidades de supervivencia de estos individuos.

Respecto a la patología de las piezas recogidas en algunas cuevas de la zona analizada, hay que destacar que han aparecido varias piezas con fracturas tanto verticales como horizontales pero que no se ha observado ni caries ni sarro en ellas.

Piezas dentarias. Fracturas

Piezas dentarias. Fracturas

 

CONCLUSION

Las cuevas han sido utilizadas por el hombre desde el Peleolítico hasta nuestros días con diversos fines: vivienda, santuario, sepulcro...En el período comprendido entre el final del Neolítico y el fin de la Edad del Bronce se intensifica el uso de las cuevas con fines sepulcrales. Este fenómeno coincide cronológicamente con el fenómeno megalítico (dólmenes y túmulos) y tampoco se descartan otro tipo de estructuras funerarias contemporáneas (como podrían ser los enterramientos bajo roca aún sin localizar).

Las cuevas sepulcrales de la Edad del Bronce se caracterizan por contener inhumaciones colectivas, y son testimonio de la espiritualidad de los individuos que vivieron en ese momento. Junto a los restos humanos suelen aparecer materiales diversos similares a los hallados en los yacimientos de superficie y en dólmenes y túmulos.

El poblamiento del Bajo Barbadun, cuyo origen está sin determinar, se remonta a épocas prehistóricas. Este poblamiento que en la Edad del Bronce es ya evidente, fue probablemente anterior si atendemos a las características físicas del lugar que cuenta con abundantes recursos naturales. Las zonas calizas fueron utilizadas con fines sepulcrales y de ello son buena muestra las cuevas de este tipo que se han localizado.

Estas cuevas sepulcrales son una fuente de información básica para el conocimiento de la Prehistoria de nuestro País. Diversas circunstancias como los animales, los agentes geológicos o la actividad humana, han altera- do en muchos casos el interior de estos yacimientos arqueológicos, destruyendo gran parte de la información que nos podrían proporcionar. Por ello, se hace necesaria una urgente labor de prospección, protección y estudio científico de estas cuevas realizada por especialistas con el fin de recuperar los restos históricos y prehistóricos dentro de su contexto arqueológico. Estos restos son los que nos proporcionan información sobre el modo de vida y las creencias de los antiguos habitantes de la zona. El conocimiento de nuestra historia local pasa por la conservación e investigación de estos yacimientos.


BlBLIOGRAFlA


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